Colirio Espiritual
  Roma en nuestro culto
 
 


Prologo

 

La gran pregunta con que nos enfrentamos los cristianos en la actualidad es: ¿Nos sirve el testimonio de la iglesia primitiva como modelo para la iglesia de nuestros días? ¿Se puede tomar el relato del libro de los Hechos de los apóstoles literalmente para guiarnos o podremos alterar sus procedimientos y hacerles ajustes, a fin de adaptarlos a nuestra vida presente?

    Muchos cristianos de hoy en día descartan casi cualquier enseñanza del Señor, o la experiencia de los primeros cristianos como experiencia para nosotros, diciendo que eso era aplicable para aquellos tiempos solamente, pero que todo aquello era transitorio mientras vivían los apóstoles o mientras se recopilaban y escribían las escrituras.

    El presente estudio está basado en los dos postulados siguientes:

1.     “TODA LA ENSEÑANZA DE CRISTO Y SUS APOSTOLES, TODA EXPERIENCIA RELATADA EN EL NUEVO TESTAMENTO, ES APLICABLE A CUALQUIER EPOCA, INCLUYENDO LA NESTRA” Y

2.     “EL MAYOR OBSTACULO QUE LA IGLESIA CRISTIANA ENFRENTA HOY PARA COMUNICAR SU MARAVILLOSO MENSAJE AL MUNDO ES QUE NOS HEMOS DESVIADO DE LO QUE CLARAMENTE ENSEÑAN LAS ESCRITURAS PARA ESTABLECER NUESTRAS PROPIAS OPINIONES”

Si usted está de acuerdo con estas dos afirmaciones, nada del contenido de las siguientes páginas le resultara extraño ni ofensivo.

PRESENTACIÓN

 

Los reformadores del siglo XVI, iniciadores de la gran revolución espiritual que libero a parte del mundo sometido al yugo religioso romanos, no pudieron limpiar totalmente el evangelio de Cristo de las enseñanzas papistas. Naturalmente, porque ellos mismos eran parte de una cultura profundamente influenciada durante siglos por los conceptos que Roma había enseñado acerca de la familia, el matrimonio, la economía, el arte, la educación y, sobre todo acerca de la religión.

     Lutero, por ejemplo, conservó la división de los hermanos en clérigos (Los que “ministran la liturgia”) y laicos (los que hacen de espectadores durante el culto). Aunque refutó la necesitad de un papa conservó para los clérigos las jerarquías de “obispo”, “Ministro”, “Presbítero”, “obrero laico”, etc., con sus correspondientes títulos honoríficos: “Doctor”, “Reverendo”, “Reverendísimo”, etc. Además conservó la doctrina del bautismo de infantes, el hábito sacerdotal o sotana, aunque limitó su uso únicamente para el momento del culto; el uso del crucifijo como elemento litúrgico, el uso de la cruz como emblema del cristianismo y muchas otras costumbres prácticas.

      La doctrina romanista de que Dios habita en una cajita de madera llamada sagrario en un lugar del templo (el altar) no fue copiado textualmente, pero se mantuvieron algunos de dichos elementos, incluyendo la necesidad de un templo que es considerado ligar sagrado, con su altar, sus decoraciones de flores, mesa vestida de blanco, púlpito, etc. También heredó de Roma la ceremoniosa rigidez del culto y la seriedad y parsimonia de los participantes como si estuvieran presenciando el funeral de la misa católica.

     Los demás reformadores no fueron menos incautos y conservaron diversos errores de Roma, mayormente en prácticas y costumbres. De tal manera que los cristianos de los últimos siglos hemos recibido un cristianismo reformado en doctrina ya que tenemos toda la luz de las sagradas escrituras, pero leudado con muchas prácticas romanistas.

     Roma es simbolizada en el libro de Apocalipsis como una mujer adornada de oro y piedras preciosas, es decir de gran hermosura física, amante  de los placeres sensuales, astuta y maligna de corazón; una prostituta desvergonzada que seduce a los reyes y gobernantes de la tierra con sus riquezas y el vino dulce de los placeres que ofrece.

     ¿A cambio de que? A cambio de que junto con el vino beban también su doctrina ponzoñosa, que adormece a las multitudes y le permite disfrutar de autoridad sobre ellos, engañándolos a su placer y haciéndose admirar y adorar como reina.

     Durante casi dos mil años esta ha sido su técnica: ofrece a los reyes el dulce vino del placer a cambio de autoridad para dominar las masas.

     Ella pues, ha contaminado a todo el mundo con la multitud de sus fiestas religiosas populares: bailes, concursos, ferias, banquetes, etc.; exceso de tiempo libre para dichas celebraciones. Junto con todas esas diversiones, la gente absorbe su venenosa doctrina, como la serpiente boa, adormece a su víctima antes de devorarla.

     La indoctrinación se efectúa ya directamente por medio de la educación en el gran número de colegios católicos, ya por medio de la propagación de su culto en sus más variadas formas. Y el efecto de su doctrina está presente en casi todas las manifestaciones sociales de los pueblos donde ella reina.

“SI NO PUEDES VENCER A TU ENEMIGO, ÚNETE A ÉL”

     Roma ha utilizado toda la astucia de este proverbio al producir imitación del cristianismo. Esta era la única forma de contrarrestar el evangelio: inventando su propia versión del Evangelio, de tal modo que pudiera ocultar la verdad de Dios y dar a beber a los pueblos la “verdad romana”.

     Los gobiernos le han dado autoridad y luego han tenido que soportar su terrible yugo al verla erguirse sobrepasando la autoridad civil. Esta lucha entre ella y el poder civil o político es lo que durante casi dos mil años ha moldeado la historia de los pueblos. Cuando gobierna Roma sin oposición, desciende la civilización a los más bajos niveles de oscurantismo y opresión como en la Edad media. Cuando domina el poder civil hay libertad, luz y progreso.

     Afortunadamente para el género humano, existe una fuerza capaz de destruir el poderío de Roma; no se trata de armas materiales ni de ideas de hombres: se trata del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Donde se predica el evangelio, Roma tiene que retroceder. Donde se oye la doctrina de Cristo, hay verdadera libertad y verdadero progreso.

LA LEVADURA DE LA MUJER

“otra parábola les dijo: el reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado (Mat. 13:33)

     Con la relación a esta parábola dice Wathman Nee, el gran escritor chino en su libro “Ven Señor Jesús”, que esta mujer que tomo la levadura y la escondió en tres medidas de harina “hasta que todo fue leudado” no puede ser otra que la Roma apóstata.

     En efecto, resulta fácil demostrar que nuestro culto actual conserva muchos elementos de la liturgia católica y que nuestra practica de cristianismo ha sido influenciado profundamente por las ceremonias y la doctrina romanista. Lo que resulta muy difícil es desprendernos de dichos elementos por que estos ya han sido asimilados, convirtiéndose en parte de la conducta y las costumbres religiosas del cristianismo. Para la multitud de cristianos, la levadura de Roma se ha convertido en “carne de su carne y hueso de su hueso”. Para ellos no tengo palabras de reproche ni censura. Todos hemos sido víctimas del mismo mal. Estas páginas están escritas para los cristianos sinceros que no temen enfrentarse a la verdad.

     De la palabra de Dios aprendemos que se pueden decir las verdades más duras sin resultar ofensivo si se utilizan las palabras apropiadas y si van a ser revestidas de verdadero amor. Mi gran dificultad al escribir estas amargas verdades ha sido encontrar palabras adecuadas y revestidas de amor. ¿Habrá alguna forma de decir esto, que mis hermanos en la fe lo escuchen y lo reciban sin sentirse ofendidos?

    No es mi intención criticar con ánimo de destruir. Puedo asegurar que sufro al tener me mencionar estos males porque me gustaría que no fuera así, pero me alienta la esperanza que muchos al leerlas, se darán cuenta de la mucha levadura que contiene nuestra harina y tomarán los correctivos correspondientes para limpiarla y purificarla.

      Quizá sea innecesario decir que no soy autor de la mayoría de estos “descubrimientos”. Los he tomado de muchos predicadores y escritores cristianos. Mi labor ha sido mayormente la de recopilador y redactor, aunque sí asumo delante de Dios y de mis hermanos la responsabilidad de todo lo que aquí expreso.

     Por último, espero que mi labor pueda servir como punto de partida a otros hermanos que deseen escribir algo más elaborado sobre este tema.

“Limpiaos pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois” (1 Cor. 5:7)

 


 
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